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Atte Culpables

martes, 26 de febrero de 2013

"Luna" - Ignacio Salinas


La vida en tu recuerdo - Juan Solís Levicoi



  Llega la mañana y no te encuentro. Al despertarme sigo abriendo todas las cortinas de la casa –Creo que así te gustaba-. Llega la mañana y no te encuentro; aquella silla del comedor sigue imperturbable en tu ausencia, pero yo aún no me rindo.
Llega la mañana y sorbo aquel café; cargado como el mar agitado del sur. Y pensar que una casa puede agrandarse tanto sin tu risa, sin tu canto. Ahora es inmensa y cada paso lo es más aún.
Me acomodo la camisa y la corbata mirándome al espejo. Me sonríes y te miro. ¡Qué hermosa eres!, que bella te ves con aquel vestido rojo. Pero el sol ya no entra de la misma forma que antes, y aquel gato que alimentabas en las mañanas tampoco se aparece por éste barrio.
-Qué bello hacías aquel espejo.
Todas las noches sigo acomodando tus cojines de la cama. ¿Eran de éste lado o del otro?
Llega la mañana y me levanto más pesado que antes. Acomodo tus matojos de virtudes entre las plantas y me marcho al trabajo.
Siento que de pronto llegaré tarde.
Cómo cuento mi silencio en tu silencio, tus paseos por la casa en mis pasos. De tanto estar callado sigo teniendo la impresión que no he parado de hablar.
Y las noches me son insomnes, y estoy cada vez más acogido al candor de los postes de la calle nocturna.
Me levanto todas las mañanas, con el pelo cano; cada vez más cano. Pero he perdido el horario y ya no marcho. Creo que a estas alturas he olvidado algo. O más que algo. Sé que ha pasado el tiempo, pero no sé cuánto. Sé que he dejado de correr las cortinas cuando me levanto.
La bata, mis anteojos. Ahora el café está preparado. -Quizá algo cargado- Lo sorbo sin sentarme. Me miro en el espejo sin mirarme.
Llega la mañana, siempre distinta a otras mañanas. Y siento que he olvidado, y que me falta algo…
-Tome asiento, Don Osvaldo- Miro a la señorita y hay más viejos a mi lado.
-Tome sus remedios- Y ahora sí se ha aclarado completamente mi cabello, y las mañanas se volvieron todas iguales.
Ahora te recuerdo y te encuentro. Eras tú la que me has quitado, todo éste tiempo, el sueño.
Me abrazas; ahora son otros los que están muertos.


                                                                                                                        -Juan Solís Levicoi-